La Navidad se alza como un tenue espectro, portando cenizas de un tiempo más puro. Entre sus murmullos renacen plegarias sinceras y el fulgor dorado de un Niño-Dios entre corderos y magos. En el hogar, un fuego antiguo titila, recordándonos lo que fuimos; la dicha que un día nos habitó ya no vuelve. Solo persiste su ausencia, quieta como la noche, mientras la esperanza fulgura entre densas neblinas.
Asunción 2024
