Sobre Mi

Padre tenía una tarea imposible: explicarme el mundo. No solo los planetas o las bacterias, sino también el arte, la historia, la forma en que los ríos insisten. Yo era un niño de preguntas insaciables, de esos que no entienden por qué el cielo cambia de color o por qué existe Dios. Me acercaba a él como quien se acerca al borde de un misterio, buscando una voz que lo traduzca todo.

Pero en casa la única enciclopedia —la flamante Lexis 22— llegaba apenas hasta la “P” de “Pari”. El resto se había perdido en una venta clandestina, una transacción silenciosa que alguna vez salvó la mesa de quedar vacía. Eso decía mamá, sin mirar a los ojos, como si la pobreza también exigiera secretos.

Yo preguntaba sin tregua:
¿Por qué flotan los planetas?
¿Qué es un agujero negro?
¿De qué está hecha la gravedad?
¿Y Dios, existe?
¿Y si existe, cuál es el verdadero?
¿Cómo se sabe?

Él intentaba responder como podía. Con torpeza a veces, con ternura siempre. Y aunque muchas veces fracasaba, lo hacía sonriendo, como si la sonrisa fuera una forma de pedir perdón por no tener todas las respuestas.

Mucho tiempo después, este cronista —ese niño crecido, desordenado por dentro, aún forastero en su propia vida— sabe que todo lo que entiende del mundo se lo debe a aquel joven padre. Por eso ahora escribe. No por sabio, sino por deuda. Por ternura.

Escribe para devolverle algo de lo recibido: palabras que expliquen lo que él ya no puede preguntar, o que al menos lo acompañen en la confusión. Porque quizá escribir no sea responder, sino sostener el desconcierto con dignidad.

Este espacio —hecho de pódcast, artículos, historias rotas y pasiones tercamente personales como la ciencia, el fútbol, el cine— no pretende ser imparcial. Aquí la subjetividad es una bandera, y la promesa de objetividad, apenas un intento honesto. Como el amor. Como la memoria. Como los padres que hacen lo que pueden con lo que tienen.

Porque al final, este cronista solo quiere que su padre entienda su mundo. Y tal vez, en ese intento, entenderse un poco a sí mismo.

Si desea contactar al cronista puede hacerlo en este enlace.