Ficha Técnica:
Título: El Poemario de la Serpiente
Autor: Oliver Dalles
Género: Poesía
ISBN: 978-99989-1-182-6
Corrección, edición y diagramación: Dafne Bustos
Diseño e ilustración de portada: Alejandro Espinosa
Para conseguir el poemario de la serpiente el número de contacto es: +595981096831
Correo: d.oliverdall@gmail.com
Precio: 35.000 gs.
Entre el ritual y la metamorfosis: Oliver Dalles y la alquimia del deseo
Escribir poesía en 2024 es un acto de resistencia silenciosa. Mientras el mundo se acelera hacia la inmediatez y la inteligencia artificial promete suplantar el último bastión humano —el lenguaje—, Oliver Dalles publica «El Poemario de la Serpiente» como quien planta una bandera en territorio hostil. Su apuesta es clara: la poesía como ritual donde los instintos toman forma, como espacio donde la contradicción no necesita resolverse sino habitarse, en donde la realidad escasa toma forma en abstracción sensorial y trascendente.
El poemario se presenta como un bestiario íntimo. La serpiente —símbolo de muerte y renacimiento— atraviesa estos versos no como metáfora decorativa, sino como pulso que late en cada imagen. La Poeta Estela Kobs acierta al señalar en el prólogo que nos enfrentamos a «ríos donde convergen las emociones y contradicciones humanas con una suerte de dualidad entre atracción y resistencia.» Pero hay algo más: una exploración descarnada de los territorios donde el deseo se vuelve tanto salvación como condena, una forma de narrarnos su propia historia de mutaciones porque el autor es la serpiente, una serpiente que habita el mundo de distintas formas dejando la piel de forma simbólica y literal en cada momento de su vida contándonos su historia, sus pasiones y su forma de ver el mundo.
I. La anatomía del amor corrosivo
«Corrosivo Amor» es una declaración de principios que establece el tono de toda la obra. El poema funciona como un manual de instrucciones para el desamor, pero invertido: en lugar de enseñar a amar, enseña a dejarse consumir. La voz poética se dirige a un «amor» que todo lo corroe, que desgasta «a dentadas» lo que provoca «convulsiones ulteriores.»
Oliver maneja aquí una estrategia que se repetirá a lo largo del libro: la anatomización del sentimiento. No se contenta con decir «amo y sufro»; necesita diseccionar cada fase del proceso: las «cosquillas maliciosas», los «corajes cobardes», la «adictiva danza» donde no puede «dejar de embelesarse.» El amor se vuelve enfermedad que se estudia mientras se padece, veneno que se analiza mientras se bebe. La vida es más que un tránsito de deseos y emociones cargados, es principalmente un tránsito que habita entre la muerte y este concepto rodea cada elemento de sus poesías, de sus metáforas y formas simbólicas y ulteriores.
La imagen más poderosa del poema —»aquí es donde el dolor y el placer se hacen uno»— establece una geografía emocional que será central en todo el poemario. No hay territorios puros: el sufrimiento y el goce comparten la misma cama, se alimentan el uno del otro. Esta no es poesía sentimental ni confesional; es poesía forense, que examina los cadáveres de sus propias emociones y que disecciona el alma de poeta como si se tratara de develar la escena de un crimen.
II. Las lluvias que no limpian: agosto como estado del alma
«Lluvias de Agosto» nos sitúa en un paisaje donde los elementos naturales funcionan como extensiones del mundo interior. Pero aquí la lluvia no purifica ni renueva: «llueve intenso, siempre llueve» como una condena más que como bendición. Las «rocas se conmueven» y el marinero enfrenta «un naufragio de placeres» —otra vez esa conjunción imposible entre dolor y goce que define la poética de Oliver.
El poema desarrolla una metáfora sostenida donde el sujeto lírico es simultáneamente marinero y náufrago, quien «no sentirse parte de la semidiosa roca» pero queda hipnotizado por «las lluvias que lo sostienen bajo trapos rajados y un abismo que siempre duele.» Hay una precisión técnica en estas imágenes: no son productos de la inspiración sino de la construcción consciente. Oliver sabe que la meteorología emocional requiere la misma precisión que la meteorología física.
La conclusión del poema —donde el marino «siempre bebe, ahogando los dolores en sus fosas inconscientes»— revela una comprensión madura del mecanismo de supervivencia emocional. No hay resolución heroica ni catarsis purificadora: solo la repetición del ritual que permite seguir respirando bajo el agua.
Es la confesión de un náufrago, el diario de un náufrago lejano que habita la poesía como un mecanismo de expresión pero principalmente de supervivencia, y si pensándolo bien Oliver no planta la bandera en territorio hostil, más bien se rinde y pelea al mismo tiempo en su territorio como si se tratara del gato de Schrödinger.
III. La soledad como patria y el fulgor como destino
«Lontana Soledad» marca un punto de inflexión en el poemario. Aquí la soledad deja de ser circunstancia para volverse geografia habitada. El poema comienza con una imagen de extraordinaria plasticidad: «Todavía no terminaste de irte / y ya me encuentro tambaleando / entre los hemisferios de tu ausencia.»
Oliver demuestra aquí su dominio del tiempo poético. La ausencia no es algo que ocurre después de la partida; es algo que comienza antes, que se anticipa y se extiende. Los «hemisferios de tu ausencia» sugieren que la pérdida no es un vacío sino una presencia de signo contrario, algo que ocupa espacio y tiene geografía.
El desarrollo del poema explora la sensualidad de la pérdida con imágenes que van de lo específico a lo universal: «Partido en dos por la línea divisoria / de dibujarte en mis lóbulos frontales / infinita cantidad de veces.» Hay una precisión anatómica que evita el cliché romántico. No es el corazón el que duele sino los «lóbulos frontales»; no es el alma la que se parte sino el cuerpo físico, medible, localizable. La ausencia de la soledad es un dolor físico, una enfermedad. Y el poema es la disección de una fiebre, de un cuerpo que convulsiona extasiado en las pérdidas constantes.
«Fulgor», por su parte, funciona como contrapunto místico. Las «fúlgidas y desteñidas estrellas» establecen una paradoja visual —algo que brilla y se desvanece simultáneamente— que resume la condición emocional del sujeto lírico. La pregunta que abre el poema —»¿Cómo contar la latencia de esas fúlgidas y desteñidas estrellas?»— no busca respuesta sino que establece la imposibilidad como punto de partida.
IV. Estilo y técnica: la precisión como forma de resistencia
La fortaleza técnica de Oliver radica en su capacidad para evitar tanto el hermetismo vacío como la confesión directa. Sus poemas funcionan en un registro intermedio donde lo personal se vuelve universal sin perder especificidad. Utiliza un vocabulario que combina lo científico («lóbulos frontales», «convulsiones ulteriores») con lo sensorial («trapos rajados», «mareas ígneas») creando un lenguaje que es simultáneamente intelectual y corporal.
Su manejo del ritmo revela influencias bien particulares, la poesía es anatómica, pero el ritmo muchas veces es estrepitoso, se afana en versos musculares hasta lograr altas velocidades en su ritmo y lectura, en esa medida es una poesía rítmica que contempla la experiencia sensorial. (Es curioso la poesía vive del cliché de leerse sentados frente a un bosque en calma, pero la de Oliver debe leerse en pie como quien contempla el fin del mundo)
Particularmente notable es su uso del encabalgamiento, que genera tensiones semánticas aprovechadas para intensificar el significado. En «mordiendo tu sabor en el aire, / despertando en los sentidos, / eso que parecía sumido / en el mayor de los olvidos,» el corte de verso obliga al lector a habitar la suspensión, a experimentar físicamente la espera y la revelación.
V. La serpiente como símbolo en mutación
El símbolo titular del poemario —la serpiente— no aparece como presencia explícita sino como estructura profunda. La serpiente está en el movimiento sinuoso de las imágenes, en la capacidad de mudar de piel que demuestran las emociones, en esa sabiduría ancestral que reconoce la muerte como condición de la vida nueva, es el mismo Oliver el que nos cuenta por medio de su poemario las confesiones de su vida, sus anhelos, sus amores, y quizás lo más interesante los miedos que habitan en aquellas habitaciones del cuerpo y del alma, la soledad como un laboratorio anatómico en donde nos perdemos para nunca salir totalmente de ella.
Oliver entiende que el poder del símbolo radica no en nombrarlo sino en encarnarlo. Sus poemas funcionan como mudas sucesivas donde cada texto deja atrás una piel emocional para acceder a una nueva forma de sentir. El poemario completo puede leerse como un proceso de metamorfosis donde el sujeto lírico aprende a habitar sus contradicciones sin resolverlas.
VI. Conclusión: Mapa de la intemperie emocional
«El Poemario de la Serpiente» se sostiene en un equilibrio difícil: la honestidad emocional sin sentimentalismo, la precisión técnica sin frialdad, la universalidad sin pérdida de especificidad. Oliver Dalles ha construido una obra que funciona tanto como confesión personal como como exploración de los territorios comunes del deseo y la pérdida.
En un momento donde la poesía lucha por mantener su relevancia, este poemario propone un camino: no la facilidad del verso libre sin rigor ni la complejidad exhibicionista, sino la construcción paciente de un lenguaje que sea capaz de nombrar lo innombrable sin traicionarlo.
El mérito de Oliver radica en haber entendido que la poesía contemporánea no necesita inventar nuevas formas de sentir, sino encontrar nuevas formas de nombrar lo que siempre hemos sentido. En esa alquimia del lenguaje, en esa capacidad de convertir el dolor en conocimiento y el deseo en territorio habitable, reside la vigencia y la necesidad de una obra como esta.
Y el mayor de los orgullos es crear una poesía que sale directamente de su alma, que fluye como pedazos de alma desarmada y esparcida en el suelo de las letras en donde su visión mágica e hiperrealista nos regala un pedazo de su historia y de su forma de ver la vida. Esto es lo mas hermoso del poemario de la serpiente, un sello indeleble se sabe que es de Oliver tan solo con abrir cada poema, y ese es quizás el mejor halago que un oficio como el de escritor en tiempos de inteligencia artificial podemos aspirar.
Epílogo: la amistad como territorio crítico
Analizar la obra de un amigo es navegar entre la honestidad y el afecto, pero también es un privilegio: poder acceder a los códigos íntimos de una sensibilidad, reconocer en la obra las conversaciones compartidas, los dolores intuidos, los silencios comprendidos. Oliver Dalles ha construido en «El Poemario de la Serpiente» un territorio donde la amistad puede encontrarse con la literatura sin que ninguna de las dos salga disminuida.
En este poemario, las ruinas no son solo personales: son también las ruinas de un lenguaje que debe reconstruirse para poder nombrar lo que acontece. Y en esa reconstrucción, Oliver demuestra que la poesía sigue siendo, contra todos los pronósticos, el lugar donde el ser humano puede reconocerse en su intemperie más radical y en su dignidad más profunda.
¿Dónde conseguirlo?
Para conseguir el poemario de la serpiente el número de contacto es: +595981096831
Correo: d.oliverdall@gmail.com
Precio: 35.000 gs.
(De momento, todos los interesados en adquirir la versión digital pueden escribir directamente hasta que se tenga un sistema de distribución más amplio).

